Soplo carotídeo

    La enfermedad arterial periférica (EAP) en las piernas o extremidades inferiores es el estrechamiento u obstrucción de los vasos que llevan la sangre del corazón a las piernas. Está causada principalmente por la acumulación de placa grasa en las arterias, lo que se denomina aterosclerosis. La arteriopatía periférica puede producirse en cualquier vaso sanguíneo, pero es más frecuente en las piernas que en los brazos.
    Tanto los hombres como las mujeres se ven afectados por la arteriopatía periférica; sin embargo, los afroamericanos tienen un mayor riesgo de padecerla. Los hispanos pueden tener tasas de arteriopatía periférica similares o ligeramente superiores a las de los blancos no hispanos. Aproximadamente 6,5 millones de personas de 40 años o más en Estados Unidos padecen arteriopatía periférica.1
    El síntoma clásico de la arteriopatía periférica es el dolor en las piernas al realizar una actividad física, como caminar, que mejora tras el descanso. Sin embargo, hasta 4 de cada 10 personas con arteriopatía periférica no tienen dolor en las piernas.1 Los síntomas de dolor, molestias o calambres al caminar (claudicación) pueden producirse en la nalga, la cadera, el muslo o la pantorrilla.2
    Entre los signos físicos de la pierna que pueden indicar la presencia de arteriopatía periférica se encuentran la atrofia muscular (debilidad), la pérdida de cabello, la piel lisa y brillante, la piel fría al tacto, especialmente si va acompañada de dolor al caminar (que se alivia al dejar de hacerlo), la disminución o ausencia de pulso en los pies, las llagas o úlceras en las piernas o los pies que no se curan y los dedos de los pies fríos o entumecidos.2,3

    Aterosclerosis

    Los síntomas más comunes de la arteriopatía periférica de las extremidades inferiores son calambres, fatiga, dolor o molestias en los músculos de la pierna o la cadera al caminar o subir escaleras. Este dolor suele desaparecer con el reposo y vuelve a aparecer cuando se vuelve a caminar.
    En primer lugar, la placa se acumula lo suficiente como para estrechar una arteria, lo que reduce el flujo sanguíneo. A continuación, si esa placa se vuelve frágil o se inflama, puede romperse, provocando la formación de un coágulo de sangre. Un coágulo puede estrechar aún más la arteria o bloquearla por completo.
    Si la obstrucción permanece en las arterias periféricas de las piernas, puede causar dolor, cambios en el color de la piel, dificultad para caminar y llagas o úlceras. La pérdida total de la circulación en las piernas y los pies puede causar gangrena y la pérdida de una extremidad.
    Es importante conocer los datos sobre la arteriopatía periférica. Cuanto más entienda, más podrá ayudar a su médico a realizar un diagnóstico precoz. La arteriopatía periférica tiene síntomas comunes, pero muchas personas con arteriopatía periférica no presentan nunca ningún síntoma.

    Enfermedad arterial periférica

    Los síntomas más comunes de la arteriopatía periférica en las extremidades inferiores son calambres, fatiga, dolor o molestias en los músculos de la pierna o la cadera al caminar o subir escaleras. Este dolor suele desaparecer con el reposo y vuelve a aparecer cuando se vuelve a caminar.
    En primer lugar, la placa se acumula lo suficiente como para estrechar una arteria, lo que reduce el flujo sanguíneo. A continuación, si esa placa se vuelve frágil o se inflama, puede romperse, provocando la formación de un coágulo de sangre. Un coágulo puede estrechar aún más la arteria o bloquearla por completo.
    Si la obstrucción permanece en las arterias periféricas de las piernas, puede causar dolor, cambios en el color de la piel, dificultad para caminar y llagas o úlceras. La pérdida total de la circulación en las piernas y los pies puede causar gangrena y la pérdida de una extremidad.
    Es importante conocer los datos sobre la arteriopatía periférica. Cuanto más entienda, más podrá ayudar a su médico a realizar un diagnóstico precoz. La arteriopatía periférica tiene síntomas comunes, pero muchas personas con arteriopatía periférica no presentan nunca ningún síntoma.

    Enfermedad cerebrovascular

    Un ictus, o «ataque cerebral», se produce cuando el flujo sanguíneo al cerebro se interrumpe por un coágulo de sangre o cuando se rompe un vaso sanguíneo. Esto suele ocurrir cuando un vaso sanguíneo del cerebro o de sus alrededores se bloquea o se rompe. La falta de oxígeno mata las células cerebrales de la zona inmediata, lo que suele provocar síntomas como debilidad o entumecimiento en un lado del cuerpo, problemas para caminar o hablar o cambios en la visión.
    Hay dos tipos principales de ictus: el isquémico se produce cuando se obstruye un vaso sanguíneo y el hemorrágico cuando se rompe un vaso sanguíneo. Los accidentes cerebrovasculares isquémicos representan alrededor del 85% de todos los accidentes cerebrovasculares, mientras que los hemorrágicos representan alrededor del 15%.
    Un accidente isquémico transitorio o AIT, también conocido como mini-ictus, presenta síntomas idénticos a los de un ictus, pero suelen durar sólo unos minutos u horas. Son importantes porque a menudo anuncian un ictus que se producirá en los días o semanas siguientes.
    Llame al 911 para pedir ayuda si cree que alguien tiene alguno de estos síntomas. El tratamiento debe iniciarse en pocas horas para que sea más eficaz. Los síntomas del ictus son distintos porque se producen muy rápidamente:

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