escrito sobre la igualdad de género

    Como Campaña Latinoamericana por el Derecho a la Educación (CLADE), venimos acompañando los desafíos y avances para garantizar la igualdad de género y el respeto a la diversidad en la educación, en nuestra región y en el mundo.
    Las niñas y las mujeres son discriminadas durante la educación en cuanto al acceso, la permanencia, la finalización, el trato, los resultados de aprendizaje y las opciones profesionales, lo que se traduce en desventajas que van más allá de la escolarización y el entorno escolar.
    La presencia de estereotipos de género en los planes de estudio, los libros de texto y los procesos de enseñanza; la violencia a la que se enfrentan dentro y fuera de la escuela; las limitaciones estructurales e ideológicas, así como el dominio masculino en determinados ámbitos académicos y profesionales, son factores que impiden que las niñas y las mujeres reclamen y ejerzan su derecho humano a la educación en igualdad de condiciones.
    La Recomendación General nº 36 del Comité de la CEDAW de las Naciones Unidas identifica algunos de estos retos e insta a los Estados a promulgar y aplicar leyes, políticas y procedimientos adecuados para prohibir y desalentar la violencia contra las niñas y las mujeres en las instituciones educativas y sus entornos. También propone que se elaboren y apliquen planes de estudio obligatorios con información completa sobre la salud y los derechos sexuales y reproductivos. Consideramos que esta Recomendación es un instrumento de derechos humanos muy importante, que debe ser utilizado en la lucha contra el patriarcado, por la igualdad y por los derechos de las niñas y las mujeres.

    estadísticas sobre la desigualdad de género en la educación

    La igualdad de género en la educación es una cuestión de justicia social, relacionada con los derechos, las oportunidades y las libertades. La igualdad de género en la educación es crucial para el desarrollo sostenible, para las sociedades pacíficas y para el bienestar individual. A nivel local, nacional y mundial, la igualdad de género en la educación sigue siendo un área prioritaria para los gobiernos, la sociedad civil y las organizaciones multilaterales. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas y la Década de Acción 2020-2030 comprometen a la comunidad mundial a lograr una educación de calidad (Objetivo 4) y la igualdad de género (Objetivo 5) para 2030. Los ministros de Asuntos Exteriores y de Desarrollo del G7, reunidos este verano en el Reino Unido, han asumido nuevos compromisos de apoyo a la igualdad de género y a la educación de las niñas, que se basan en los que asumieron en 2018 y 2019. Sin embargo, el cumplimiento de estas agendas y promesas no solo depende de la movilización de suficientes apoyos y recursos, sino también del desarrollo de medios suficientes para medir y evaluar los avances.
    Los efectos de la pandemia se suman a los desafíos de lograr la igualdad de género en la educación y a las complejidades que conlleva la evaluación de los avances hacia ella. Mientras seguimos desarrollando y ampliando las iniciativas de respuesta, recuperación y sostenibilidad, para reconstruir mejor, es importante mantener debates explícitos y honestos sobre el género y otras desigualdades que se entrecruzan en la educación. Y es vital que nos aseguremos de contar con formas sólidas y fiables de identificar, evaluar y responsabilizar a las personas de estas desigualdades y de sus causas subyacentes, con el fin de construir sociedades más justas y resilientes. Sin embargo, la forma de hacerlo no es sencilla y presenta muchos desafíos conceptuales y prácticos en cuanto a la comprensión, el acceso y la utilización de la información, los recursos y los enfoques que necesitamos. ¿A qué nos referimos cuando hablamos de igualdad de género en la educación, cómo podemos medir el progreso hacia ella y cómo sabremos cuando lo logremos?

    por qué es importante la educación para la igualdad de género

    La educación es fundamental para mejorar una amplia gama de resultados de desarrollo para las mujeres. En los últimos dos años, el Banco Mundial ha publicado una serie de informes a nivel mundial, regional y nacional sobre los beneficios de invertir en la educación de las niñas.  A nivel mundial, el coste en ingresos perdidos a lo largo de la vida de las niñas que no completan su educación secundaria se estima en hasta 30 billones de dólares.  En el África subsahariana, además de la pérdida de ingresos, el bajo nivel educativo de las niñas se asocia también a una mayor prevalencia del matrimonio infantil y la maternidad temprana, y a un mayor riesgo de que los hijos de las madres jóvenes sufran retraso en el crecimiento o mueran antes de cumplir los cinco años, entre otras cosas. Los estudios a nivel de país sugieren que estos efectos negativos son generalizados, como se ilustra en informes recientes para Malawi, Tanzania, Uganda y Chad-Mali-Níger-Guinea.
    Esta semana, en vísperas del Día Internacional de la Mujer, el Banco Mundial ha publicado un nuevo estudio en el que se demuestra que la consecución de la igualdad de ingresos entre hombres y mujeres podría generar un «dividendo de género» de hasta 172 billones de dólares en términos de mayores ingresos a lo largo de la vida para las mujeres.  Esta estimación se basa en muchos supuestos, por lo que debe considerarse sólo indicativa, pero muestra la magnitud de los efectos negativos de la desigualdad de género. El estudio también examina el impacto de la desigualdad de género en otros ámbitos, como el nivel educativo. En los países de bajos ingresos, las niñas suelen ir a la zaga de los niños en cuanto a logros educativos debido a las normas sociales. Mejorar la educación de las niñas, y por tanto retrasar el matrimonio infantil y la maternidad precoz, podría suponer una gran diferencia en la consecución de la igualdad de género.

    las cuestiones de género en la educación y su impacto en la sociedad

    Invertir en la educación de las niñas transforma las comunidades, los países y el mundo entero. Las niñas que reciben una educación tienen menos probabilidades de casarse jóvenes y más de llevar una vida sana y productiva. Obtienen mayores ingresos, participan en las decisiones que más les afectan y construyen un mejor futuro para ellas y sus familias.
    La educación de las niñas fortalece las economías y reduce la desigualdad. Contribuye a crear sociedades más estables y resistentes que dan a todas las personas -incluidos los niños y los hombres- la oportunidad de desarrollar su potencial.
    Pero la educación de las niñas es algo más que el acceso a la escuela. También se trata de que las niñas se sientan seguras en las aulas y reciban apoyo en las asignaturas y carreras que elijan, incluidas aquellas en las que suelen estar infrarrepresentadas.
    En todo el mundo hay 129 millones de niñas sin escolarizar, de las cuales 32 millones están en edad de cursar la enseñanza primaria, 30 millones en edad de cursar el primer ciclo de secundaria y 67 millones en edad de cursar el segundo ciclo de secundaria. En los países afectados por conflictos, las niñas tienen más del doble de probabilidades de estar sin escolarizar que las que viven en países no afectados.

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