ejercicios para mejorar la memoria y la concentración

    Se ha demostrado que las funciones cognitivas, como la memoria de trabajo (WM) y la atención, se benefician del ejercicio físico. La cuantificación de los patrones oscilatorios neuronales específicos de cada banda de frecuencia durante el uso de dichas funciones cognitivas puede proporcionar información sobre los beneficios inducidos por el ejercicio en el cerebro. Específicamente, investigamos si un entrenamiento de ejercicio físico de 4 meses influyó en la potencia theta y alfa medida en tareas de WM visual y atención. La tarea de emparejamiento retardado con la muestra (DMS) requería la discriminación mnemónica de estímulos visuales similares, similar a la separación de patrones, mientras que la tarea de búsqueda de atención visual (VAS) requería la detección de la presencia de un objeto específico (es decir, el objetivo) en una imagen. Se adquirieron datos conductuales y electroencefalográficos durante una tarea de DMS visual WM y una tarea VAS antes y después de la intervención. Cuarenta y tres adultos jóvenes sedentarios (19-34 años) fueron asignados de forma pseudo-aleatoria a un grupo de entrenamiento (cinta de correr en interiores, n = 20) o a un grupo de control (n = 23). En comparación con la línea de base previa a la intervención, el grupo de ejercicio mostró un aumento de la potencia alfa frontal (9-12 Hz) durante la tarea de la EVA después de la intervención. Además, los cambios en la potencia alfa se correlacionaron positivamente con los cambios en el estado físico. Desde el punto de vista del comportamiento, no hubo efectos relacionados con el ejercicio sobre los tiempos de reacción o la precisión en ninguna de las dos tareas. Nuestros hallazgos corroboran que el entrenamiento aeróbico de los adultos jóvenes sedentarios puede influir en la dinámica neural que subyace a la atención visual más que a la memoria visual y a la discriminación mnemónica.

    ejercicios de memoria para adultos

    ¿No encuentras las llaves del coche? ¿Olvidaste la lista de la compra? ¿No recuerdas el nombre del entrenador personal que te gustaba en el gimnasio? No es el único. Todo el mundo olvida cosas de vez en cuando. Sin embargo, la pérdida de memoria no es algo que deba tomarse a la ligera.
    Aunque no hay garantías a la hora de prevenir la pérdida de memoria o la demencia, ciertas actividades pueden ayudar. Tenga en cuenta siete formas sencillas de agudizar su memoria, y sepa cuándo debe buscar ayuda para la pérdida de memoria.
    Para la mayoría de los adultos sanos, el Departamento de Salud y Servicios Humanos recomienda al menos 150 minutos semanales de actividad aeróbica moderada, como caminar a paso ligero, o 75 minutos semanales de actividad aeróbica vigorosa, como correr, preferiblemente repartidos a lo largo de la semana. Si no tiene tiempo para una sesión completa de ejercicio, haga algunos paseos de 10 minutos a lo largo del día.
    Al igual que la actividad física ayuda a mantener el cuerpo en forma, las actividades que estimulan la mente ayudan a mantener el cerebro en forma, y pueden mantener a raya la pérdida de memoria. Haz crucigramas. Juegue al bridge. Tome rutas alternativas cuando conduzca. Aprenda a tocar un instrumento musical. Sea voluntario en una escuela local o en una organización comunitaria.

    ejercicios mentales

    No sólo perdemos músculo con el paso del tiempo: nuestro cerebro también puede atrofiarse. Más concretamente, la reserva cognitiva del cerebro -su capacidad para resistir los daños neurológicos debidos al envejecimiento y otros factores sin mostrar signos visibles de ralentización o pérdida de memoria- disminuye con los años. Esto puede dificultar la realización de tareas mentales. Pero al igual que los ejercicios con pesas añaden músculo magro al cuerpo y ayudan a retener más músculo en los últimos años, los investigadores creen ahora que seguir un estilo de vida saludable para el cerebro y realizar ejercicios cerebrales regulares y específicos también puede aumentar la reserva cognitiva del cerebro.
    En uno de los estudios más detallados sobre la conexión entre el estilo de vida y el riesgo de demencia hasta la fecha, los investigadores descubrieron que las personas que participan en múltiples comportamientos saludables reducen significativamente su riesgo de demencia. El estudio de 2013, publicado en PLOS ONE, analizó a 2.235 hombres durante 30 años y midió su participación en cinco conductas de estilo de vida saludable: no fumar, un IMC óptimo, un consumo elevado de frutas y verduras, actividad física regular y un consumo de alcohol de bajo a moderado. Los participantes en el estudio que seguían cuatro o los cinco comportamientos tenían un 60% menos de probabilidades de desarrollar deterioro cognitivo y demencia.

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    Se ha demostrado que las funciones cognitivas, como la memoria de trabajo (WM) y la atención, se benefician del ejercicio físico. La cuantificación de los patrones oscilatorios neuronales específicos de la banda de frecuencia durante el uso de dichas funciones cognitivas puede proporcionar información sobre los beneficios inducidos por el ejercicio en el cerebro. Específicamente, investigamos si un entrenamiento de ejercicio físico de 4 meses influyó en la potencia theta y alfa medida en tareas de WM visual y atención. La tarea de emparejamiento retardado con la muestra (DMS) requería la discriminación mnemónica de estímulos visuales similares, similar a la separación de patrones, mientras que la tarea de búsqueda de atención visual (VAS) requería la detección de la presencia de un objeto específico (es decir, el objetivo) en una imagen. Se adquirieron datos conductuales y electroencefalográficos durante una tarea de DMS visual WM y una tarea VAS antes y después de la intervención. Cuarenta y tres adultos jóvenes sedentarios (19-34 años) fueron asignados de forma pseudo-aleatoria a un grupo de entrenamiento (cinta de correr en interiores, n = 20) o a un grupo de control (n = 23). En comparación con la línea de base previa a la intervención, el grupo de ejercicio mostró un aumento de la potencia alfa frontal (9-12 Hz) durante la tarea de la EVA después de la intervención. Además, los cambios en la potencia alfa se correlacionaron positivamente con los cambios en el estado físico. Desde el punto de vista del comportamiento, no hubo efectos relacionados con el ejercicio sobre los tiempos de reacción o la precisión en ninguna de las dos tareas. Nuestros hallazgos corroboran que el entrenamiento aeróbico de los adultos jóvenes sedentarios puede influir en la dinámica neural que subyace a la atención visual más que a la memoria visual y a la discriminación mnemónica.

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