Problemas en la sociedad

    Problemas de gobierno

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    «Nuestros hijos tienen oportunidades vitales radicalmente diferentes según el lugar en el que hayan nacido. En Japón o en Suecia pueden esperar vivir más de 80 años; en Brasil, 72 años; en la India, 63 años; y en uno de varios países africanos, menos de 50 años. Y dentro de los países, las diferencias en las posibilidades de vida son dramáticas y se observan en todo el mundo. Los más pobres entre los pobres tienen altos niveles de enfermedad y mortalidad prematura. Pero la mala salud no se limita a los más desfavorecidos. En países de todos los niveles de renta, la salud y la enfermedad siguen un gradiente social: cuanto más baja es la posición socioeconómica, peor es la salud.
    No tiene por qué ser así y no es justo que sea así. Cuando se considera que las diferencias sistemáticas en materia de salud pueden evitarse mediante una acción razonable, son, sencillamente, injustas. Esto es lo que denominamos inequidad sanitaria. Corregir estas inequidades – las enormes y remediables diferencias en salud entre y dentro de los países – es una cuestión de justicia social.

    Comentarios

    La sociología estudia la interacción -específicamente, estudia las distribuciones interactivas y las promulgaciones del poder-conocimiento y las ontologías-. Esto sigue siendo cierto. Pero ha habido cambios considerables -tanto dentro como fuera de las ciencias sociales- desde los tiempos de Marx, Weber, Simmel y otros sociólogos clásicos. La apertura del campo al estudio de las cuestiones medioambientales ha hecho añicos muchos de los que han sido históricamente sus fundamentos epistemológicos y ontológicos. Como en el caso de todas las ciencias sociales y las humanidades, «pensar a través del medio ambiente» «desestabiliza» profundamente muchos de los supuestos centrales de la sociología1,2.
    Para poder comprender adecuadamente las «cuestiones medioambientales» -y entre ellas la muy urgente cuestión del cambio climático-, la sociología tiene que ir más allá del enfoque analítico exclusivo de la(s) interacción(es) humana(s). Ha habido varias propuestas en esta dirección, pero siguen siendo menos que las posturas de investigación dominantes (aunque es discutible que esto sea menos el caso ahora que hace algunas décadas). No es posible quedarse atrapado en los confines de lo que los humanos hacen entre sí y esperar comprender las innumerables interrelaciones de los elementos vitales humanos y extrahumanos3 del mundo(s). Permanecer encerrado en un privilegio definido a priori de la interacción humana es permanecer incapaz de ver el verdadero alcance de las redes de elementos vitales que componen los fenómenos socioecológicos que estudia la sociología. Esto no significa que los sociólogos deban convertirse en expertos de todas las cosas, lo que sin duda les llevaría a convertirse en expertos de nada. Pero es necesario ampliar significativamente el ámbito de las interrelaciones que estudiamos. La humanidad sigue teniendo un lugar importante en la investigación, pero el enfoque analítico debe pasar de lo intrahumano a «la red de la vida», para adoptar el concepto de Moore (2016a,b).

    Problemas en el mundo

    Aunque muchas de las tendencias y posibles desarrollos futuros explicados en este capítulo pueden ser bastante deprimentes, basándome en dieciséis años de investigación sobre los 15 Desafíos Globales identificados por el Proyecto del Milenio, he llegado a la conclusión de que tenemos los recursos y las ideas para abordarlos, y que hay más acuerdo sobre cómo construir un futuro mejor de lo que es evidente en los medios de comunicación, sin embargo, la toma de decisiones y la capacidad institucional – hasta ahora – son insuficientes para tomar las decisiones lo suficientemente rápido y en la escala suficiente para construir un futuro mejor.
    Sin embargo, el pesimismo es infundado y da la excusa para no intentar tomar mejores decisiones que mejoren el futuro. La humanidad está ganando más que perdiendo, aunque donde estamos perdiendo es muy grave. No hay garantía de que todo vaya a salir bien, pero las probabilidades están a nuestro favor, sobre todo si más personas e instituciones comprenden que es posible que todos tengamos éxito, porque ya lo estamos teniendo en muchos ámbitos. Sin embargo, si más personas e instituciones no son más estratégicas a la hora de abordar estos retos, los escenarios negativos son más probables.

    Problemas en la sociedad y soluciones

    Con el 2019 a nuestras espaldas, el 2020 ya está poniendo a prueba la forma en que trabajamos juntos para hacer frente a los desafíos críticos en casa y a través de las fronteras. El apoyo a la cooperación internacional pende de un hilo precisamente en el momento en que más se necesita una colaboración sólida. Desde la promoción del cambio climático y la sostenibilidad, hasta la prevención de conflictos dentro de las naciones y entre ellas, pasando por la lucha contra las fuerzas sistémicas que crean sociedades desiguales, en 2020 debemos responder a la pregunta: ¿Hasta qué punto estamos decididos a afrontar los retos y a aprovechar las oportunidades que nos esperan, y qué se necesita para ello?
    Los números están ahí: La última década ha sido la más cálida de la historia. Los incendios forestales mortales, incluidos los que afectan a Australia, los huracanes, los fenómenos meteorológicos extremos y las migraciones y el hambre provocados por el clima en muchas partes del mundo son ya habituales. Los casquetes polares se están derritiendo, el nivel del mar está subiendo y la propia supervivencia de las naciones insulares está amenazada. De hecho, todo nuestro ecosistema está en peligro: un millón de especies animales y vegetales podrían extinguirse en pocos años, la mayor pérdida ecológica que ha visto el ser humano. Y un creciente movimiento mundial de jóvenes impacientes por el cambio está haciendo que la protección del clima ocupe la conciencia mundial como nunca antes.

    Por admin

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